La principal preocupación relacionada con el conducir drogado es que
el conducir bajo la influencia de cualquier droga que actúa sobre el
cerebro puede deteriorar la destreza motora, la capacidad de reaccionar a
tiempo y el juicio. El conducir drogado se considera una preocupación
del área de la salud pública porque no sólo pone en riesgo al conductor,
sino también a sus pasajeros y a las otras personas en la carretera.
A pesar de conocerse los efectos potencialmente mortales de una droga
sobre la habilidad para conducir y de que existen otras inquietudes
reconocidas por algunos funcionarios de salud pública, funcionarios
políticos y grupos constituyentes, las normas de tránsito de conducir
bajo la influencia de las drogas se han quedado atrás en comparación con
la legislación relacionada con conducir en estado de embriaguez.